En
un artículo anterior recorríamos las 10 piezas de arte
contemporáneo vendidas en más millones de dólares, y en esa lista
se encuentra, sin duda alguna, Andy Warhol, uno de los artistas
plásticos más influyentes del Siglo XX, y sobre todo uno de los
engranajes principales del pop art. Triple Elvis, se encuentra en
tercer sitio de aquel recuento, obra que fue vendida por 81.9
millones de dólares.
En
abril de este año, se inauguró el The
Modern Contemporary Museum (MOCO por sus siglas en inglés) en
Amsterdam, en la Plaza de los Museos, entre el Rijks, el Van Gogh y
el Stedelijk; y las exposiciones con las que cortarían el listón de
inauguración, fueron Banksy y Andy Warhol. Ya en el 2007 el Museo
The Hospital, situado en Covent Garden, Londres, los había exhibido
en una lucha Warhol versus
Banksy; mientras que el primero siendo toda una celebridad, luchó en
contra del anonimato, máscara fiel del arte urbano de Banksy.
Es
cierto, un cuadro de Banksy aún no llega a las cifras de venta de
Warhol, es más, parecería que sus obras distan de tener más en
común que pertenecer al arte contemporáneo, sin embargo, la
realidad es que el arte urbano de Banksy ha mostrado que el grafiti
ha tenido una evolución desde su concepto hasta la forma de crearlo,
y por tanto sus cifras de venta se han elevado.
La
gran disyuntiva es definirlo. Arte o vandalismo, y sea cual sea tu
definición, el grafiti es la voz de aquellos que bajo el anonimato
dan a conocer a la sociedad su presencia, bajo pseudónimos, dibujos,
pinturas, signos, es decir, un código propio que no atiende a ningún
tipo de norma, ni formalismos, es en sí, subversivo.
Así
es como aparece en el mapa Banksy, un artista urbano que bajo su
anonimato ha logrado crear una leyenda en torno a él, su fortuna y
sus obras. Es un artista, o colectivo artístico, que nace en
Inglaterra y sus grafitis han irrumpido la cotidianidad londinense,
la de Estados Unidos y Canadá, entre otros lugares más en los que
se cree aparece cada que quiere enviar un mensaje a la sociedad. Es
irreverente, de filosofía casi guerrillera, es anticapitalista,
anticonsumismo y crítico de la irracionalidad humana; parodia a la
sociedad y sus elementos autodestructivos más arraigados; es como el
grafiti en su concepto original: contestatario y de protesta.
Pero
conforme se ha conocido su trabajo y calificado por los críticos de
arte, parece estar más inmerso en el mundo que tanto critica; sin
embargo, esto no parece molestarle. Sus obras han sido vendidas por
grandes sumas y llevadas a las refinadas salas de excéntricos
coleccionistas e integrantes del medio del espectáculo como Cristina
Aguilera, Leonardo Di Caprio o Brad Pitt.
Según
el sitio batanga.com, Banksy poseería una fortuna de 20 millones de
dólares -más lo que se vaya acumulando- considerando que cada una
de sus obras puede valuarse hasta en 250 mil dólares.
Se
cree que su carrera inició en Bristol, la llamada capital del
grafiti, y en aquel entonces formaba parte de un colectivo que tenía
por objetivo expresarse y evitar ser arrestados por vandalismo, así
que en su premura por evadir a las autoridades aplicaría su técnica
más conocida: el esténcil. Muchos identifican a Banksy con un mural
en donde aparecía un oso de peluche aventando una bomba molotov;
luego los policías londinenses besándose, los espías interviniendo
una caseta telefónica inglesa, o una de sus más recientes obras
criticando a la discriminación representada por palomas que tratan
de echar de la cuerda donde están posadas a un pájaro que,
evidentemente, es diferente a ellas.
Sus
obras vendidas desde finales de la primera década del nuevo siglo,
lo identifican como uno de los grafiteros más ricos de todo el
mundo, superado sólo por David Choe, quien realizó un mural en las
instalaciones de Facebook y recibió en paga acciones de la red
social, y hoy por supuesto, es millonario.
Las
obras de Banksy han sido vendidas así:
Para
2012 la revista Times que lo puso en la lista de las 100 personas
más influyentes de todo el mundo. En 2014 el precio de sus obras iba
en aumento. En febrero de ese año se vendió su grafiti “Kissing
Coppers”, en una subasta en la casa Fine Art Auctions (FAAM), de
Miami, por 418,000 euros.
Y
justo sería ese año en el que buscaría dar una idea de la
percepción del arte en Nueva York, donde una mañana decidió
colocarse en un puesto para turistas de Central Park y ofrecer sus
obras originales en 60 dólares. Luego publicó un video en internet
en el que mostraba a las pocas personas que se interesaron por sus
cuadros; pero la realidad es que en julio de ese año, esas obras
serían subastadas por la casa Bonhams en sumas que duplicarían en
un 2 mil por ciento el valor por el que se compraron en Central Park.
En
las expresiones artísticas no hay fórmula del triunfo, pero si un
artista puede sacudir el pensamiento de alguien más con sus obras,
habrá entonces encontrado el camino en donde su arte será medible
en millones. Tal fue el caso de la obra Keep
it spotless vendida en una subasta de Sotheby's en 1.8 millones de
euros.









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